jueves, 8 de marzo de 2012

los pasos de escarcha


Los pocos pasos que quedaban eran de escarcha, o mejor, aquellos pasos sobre el barro endurecido le hacían sentir sobre un enorme costillar.
Las tarantulescas ramas de roble descendían y estiraban imantadas por mi paso su querer asirme y enredarme el pelo, o mejor aún, como libélulas trenzadas, hoplitas de aire y masa. Deseos enclenques queriendo desasirse, queriendo no pesar.



- Me fui lejos para pensar. Para mirar desde arriba.
- Yo no he salido del estudio en meses, pero lo mismo me hubiera dado saltar al vacío desde dónde tú estabas.
- A veces ocurre, es lo que me pasaba a mi. Decidí subir alto pero sin saltar.

- ¿Y esto?
- Es el mundo donde ocurre lo que no veremos. El mundo más allá de nosotros.
- Parecen personajillos...
- Tan reales como tú o yo, pero saliendo de los libros. Inundando un mundo devastado, poblando nuestro fin tras la barbarie.
- Tú siempre tan poético.
Me recuerda a un relato de Primo Levi, no recuerdo el título, pero habla de un mundo poblado por los personajes de los libros, unos permanecen y otros van desapareciendo,convirtiéndose en aire. Estos últimos son aquellos personajes olvidados, los que no pasan la criba de la historia.
- Yo pensaba más en Borges. Siempre Borges. "El libro de arena", por ejemplo. Y el "Jardín de los senderos que se bifurcan". Mira esto.

- Pues un poco sí.
- Siempre me fascinó ese relato de Borges. Ese libro con el que uno enloquece, que nunca tiene fin. Un libro infinito. ¿Te imaginas?
- No consigo imaginar nada infinito. Cuando pienso en algo así, es como si me volviera budista.
- Borges lo plantea como un infinito contenido en un libro, que no es ajeno a uno mismo, pero tampoco nos pertenece. Si no abres el libro, éste no existe y el libro es finito. Pero si lo abres, si lo abres, entonces es imposible parar. Es como aquel famoso río de Heráclito.
Abras el libro por donde lo abras nunca repetirás la página. Es como si cada vez que lo abres sea un libro nuevo. Así es el infinito para Borges.
- Al volcarlo se vierte todo como arena.
- Podría ser. También imagino a los infinitos personajes que poblarían ese libro. ¿Se conocerían todos, o les pasaría como a nosotros en nuestra limitada "realidad" ajena a los demás universos?
- Yo creo que vivirían ajenos unos de otros.
- Pero siendo personajes, relatos y no personas, realidad...
- ¿Que quieres decir?.
- A lo mejor los personajes tiene otro nivel de conciencia que les permite conocerse unos a otros. Te habrá pasado alguna vez que determinados personajes de un libro aparecen en otros escritos incluso siglos después.
- Eso es cierto.
-Puede ser que ellos tengan una suerte de conexión. Una quinta dimensión, una especie de empatía hipercúbica.
- Nosotros adolecemos de eso.
- Por eso de momento somos incapaces de saber que coño pasa en un universo paralelo, un espacio de calabi yau que nos atraviesa, que se nos mete por los ojos. Igual nuestro universo, nuestra brana o como leche lo queramos llamar, sea un libro en un estante de una enorme biblioteca que tiene un personaje que lee mucho creado por un escritor que vive en nuestro libro.
- ¿Y ese escritor quién es?
- Ni idea. Pero él tampoco tiene la clave de nada. No sabe nada de lo que hacen sus personajes. ¿Tu crees que Cervantes era consciente de lo que hacía Don Quijote?
- No.
- Pues claro. Don Quijote ha seguido viviendo y sigue con sus aventuras en la mente de muchas personas y Cervantes es del todo ajeno a esa situación.
- Ya lo creo.
- Nuestro escritor no tiene ni idea de su importancia. No es consciente que su personaje tiene una biblioteca enorme. Bueno igual eso sí. Pero lo que no puede saber es que en uno de esos libros está contenido el universo que le permite ser y que su personaje, como es lógico, está en otro libro leyendo un libro en dónde el personaje es el escritor que le ha dado su ser.
- Eso me trae de nuevo a Primo Levi.
- Ahí sí.
- Pero una cosa, si el escritor es personaje, debería tener ese nivel de conciencia.
- No, porque se siente como persona "real".
- Lo planteas como una especie de ofuscación a lo Platón.
- No exactamente. Un grado de conciencia, algo del todo ajeno al pensamiento de Platón.
Un repliegue más de la conciencia.
- No lo entiendo.
¿Y tu desearías cambiar de libro? Éste da asco.
- Bueno, no el libro en sí, sino la historia que se cuenta y la forma en que se cuenta. A veces creo estar en un best seller barato, fácil y para lectores poco exigentes. Una historia que aburre por su insistencia en frustrar la esperanza en una mejora real de lo humano. Definitivamente es un mal libro y una mala historia esta en la que estamos. Nuestro escritor debió pensar mejor las cosas, medir el alcance de nuestro albedrío.
La clave es el libro y el escritor. Hay que buscar mejores escritores que cuenten mejores historias. Si encuentro una historia buena, trataré de parecer interesante por si se me pudiera aceptar como personaje.
- En tal caso, leeré sobre ti con mucho agrado.

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